Qué pasa cuando algo fermenta en el grupo antes de que alguien lo nombre.
Estudiamos armonía, técnica vocal, dirección. Pero nadie nos enseña qué hacer cuando el ensayo se pone tenso sin razón aparente, cuando hay roces que no terminan de cuajar en conflicto declarado, cuando algo empieza a fermentar debajo de la superficie y el grupo pierde energía sin que nadie sepa señalar exactamente por qué.
Antes de buscar soluciones, habría que preguntarse desde dónde se está mirando el problema. ¿El conflicto es sobre valores o sobre preferencias? ¿Sobre necesidades o sobre deseos? ¿Es algo puntual o el resultado de una serie de desencuentros que nadie nombró a tiempo?
¿El desacuerdo es con la persona o con lo que esa persona representa en el grupo? ¿Hay un conflicto entre dos integrantes, o hay algo más difuso que los involucra a todos?
¿Me estoy enfocando en el conflicto o en la solución? ¿De qué manera pude contribuir yo al problema? ¿Le hice conocer mis necesidades a la otra parte, o estoy esperando que las adivine? ¿Si la otra parte consigue lo que necesita, yo salgo perjudicado?
¿Cómo querés que sea esta relación de acá en adelante?
Hay una diferencia entre un coro que aprende a gestionar sus conflictos y uno que los ignora. No es una diferencia en la cantidad de tensiones que tienen: es una diferencia en el clima, en la energía de los ensayos, en lo que ese grupo de personas es capaz de construir junto.
Antes de que fermente es un libro sobre esa diferencia. Sobre qué son los conflictos en grupos corales, cómo se producen, cómo se ven a plena luz y cómo se sienten cuando todavía no tienen nombre. Y, sobre todo, cómo abordarlos.
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